jueves, 13 de noviembre de 2014

Señales no verbales de interés para el docente

Está claro que el comportamiento no verbal no debe ser estudiado de forma aislada al proceso total de comunicación. La comunicación engloba ambas vertientes, la verbal y la no verbal, y toda interacción social necesita de la comunicación no verbal. Para Argyle (1969) algunos de los hallazgos más importantes en el campo de la interacción social giran en torno a la forma en que la interacción verbal necesita el apoyo de la comunicación no verbal. En las situaciones de aula podemos observar comportamientos no verbales, que vinculados a la comunicación verbal, pueden resultar de interés para el docente.
 

Los elementos no verbales en situaciones de aula están presentes en la aceptación de ideas, en la comprensión de las mismas, en los silencios tras el profesor lanzar una pregunta al auditorio, etc. Ante una pregunta que lance el profesor a sus alumnos, las señales no verbales se muestran en ese alumno que ha estudiado y agita la mano de manera entusiasta, porque está seguro de conocer la respuesta, o en ese alumno que evita la mirada, que evita todo contacto ocular con el profesor, porque no sabe la respuesta. A través de la expresión facial y de la elevación o descenso de las cejas también podemos recibir retroalimentación sobre si conoce o no la respuesta a la pregunta planteada. También, a través de la retroalimentación visual, el profesor puede determinar la comprensión por parte de los estudiantes ante su exposición.
Eibl-Eibesfeldt (1972) denominó “destello de cejas” a ese rápido subir de cejas que se mantiene unos 6 segundos y que observó en europeos, balineses, papúes, samoanos, indios sudamericanos, bosquimanos y otros. Knapp (1982) afirma que este comportamiento suele observarse a menudo en el saludo amistoso, pero que puede verse también en gente que aprueba o acuerda, busca confirmación, flirtea, agradece, comienza y/o enfatiza un juicio. Para este autor, en definitiva, ese movimiento indica una solicitud o aprobación hacia un contacto social; pero también a veces se producen movimientos de cejas que parecen indicar aspectos negativos como desaprobación, indignación o amonestación. Estos últimos suelen ir, con frecuencia, acompañados de mirada fija y/o levantamiento de cabeza con descenso de párpados, con lo que se señala un cierre del contacto.
Pero el comportamiento no verbal por parte del profesor también está presente en determinadas expresiones faciales de amenaza, o por el tono de voz cuando reprime determinadas conductas. Por la disposición de los asientos y como distribuye a los alumnos ante un examen, el profesor también da información sobre la confianza depositada en ellos. Y lo más peligroso, en ocasiones la información que el profesor envía a los alumnos por los tres canales (visual, verbal, paraverbal) es incongruente, por ejemplo cuando se le anuncia al alumno que tiene todo el tiempo que necesite para su exposición ante una pregunta planteada, pero las constantes miradas al reloj y cierta inquietud por parte del profesor denotan lo contrario.
También podríamos hablar aquí de las sutiles influencias no verbales que se producen cuando se tienen en cuenta las informaciones previas facilitadas sobre capacidades de los alumnos. Me refiero al conocido efecto Pigmalión descubierto por Rosenthal y Jacobson (1968). Estos autores le pasaron un test de cociente intelectual a un grupo de alumnos, antes del ingreso en un centro de primaria. Después, con independencia de los resultados del test, le asignaron a una serie de alumnos puntuaciones muy elevadas en dicho test, lo que podría predecir un alto rendimiento intelectual en el curso que comenzaba. Los resultados de estos “brillantes” alumnos fueron comunicados a los profesores que les impartirían clases. Pues bien, curiosamente en el test de cociente intelectual realizado al finalizar el curso, estos estudiantes mostraron una mejora considerable. Rosenthal y Jacobson atribuyeron estos resultados tan positivos a las expectativas del profesor y a la manera en que habían tratado a estos “brillantes” estudiantes.
Y qué decir del aspecto del aula y demás ambientes diseñados para la enseñanza que pueden facilitar o dificultar la participación activa por parte del alumno. Cuestiones como el espacio entre asientos, la distribución de estos o la ubicación de las ventanas son solo algunos ejemplos. Pero dejemos este tema para otro momento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario