jueves, 25 de junio de 2015

La función tutorial: un gorro más para el docente



Todo docente, por el hecho de ser enseñante, debe orientar al alumno en su proceso de aprendizaje. En dicho proceso pueden aparecer circunstancias que pueden dificultar o potenciar dicho aprendizaje. El profesor-tutor debe asumir ahora dos roles: el de docente y el de tutor-orientador; y puede ocurrir que sea un buen docente pero no un buen tutor. Está claro que la acción tutorial también requiere preparación.

Ser nombrado tutor supone una carga extra, ya que a las funciones y tareas que tenemos como docentes se suman otras en relación con los alumnos, con los profesores, con la jefatura de estudios y con el Gabinete de Orientación Educativa (también llamado Departamento de Orientación). Para desempeñar con eficacia dichas tareas sería aconsejable que el tutor poseyera una serie de actitudes y aptitudes, así como que dominara una serie de herramientas que le pueden servir de ayuda en su labor.

Entre esas actitudes y cualidades deseables yo destacaría las ganas de ayudar (actitud de evaluación y apoyo), una actitud abierta (de escucha y comprensión) y una actitud empática. El ponerse en la situación del alumno, el participar afectivamente de la situación que está viviendo,  le facilitará una mayor cercanía y comprensión de las problemáticas que puedan plantearle sus alumnos. Entre las aptitudes deseables destacaría las habilidades de comunicación, la capacidad de escucha activa y la suficiente formación en ámbitos relativos a técnicas de estudio, observación sistemática o técnicas de entrevista.

Pero la acción tutorial debe desarrollarse no solo en el plano académico sino que debe abarcar diversas modalidades y servir de ayuda al alumno también en el plano personal y profesional. Además, la acción tutorial no debe improvisarse sino que debe guiarse con arreglo a un plan, a un Plan de Acción Tutorial o PAT.

Partiendo de un análisis de la situación o contextualización, es decir, de las peculiaridades del centro, del nivel educativo y tipo de curso y de las peculiaridades del grupo de alumnos a tutelar, se deben de establecer unos objetivos (generales y particulares) a alcanzar, y para ello se deben diseñar una serie de actividades (sesiones de tutoría) en consonancia con dichos objetivos. Está claro que para poder llevar a cabo esas actividades necesitaremos una serie de recursos ambientales, materiales y personales y que dichas actividades deben de conllevar una temporalización prevista (una previsión de cuándo y con qué duración voy a llevar a cabo cada una de esas sesiones). Por último, no debemos olvidar la evaluación de dicho plan, de cara a la mejora para los cursos venideros, evaluación que interesa que sea abordada desde distintos puntos de vista (evaluación cruzada), y no solo desde el punto de vista del tutor. El tener en cuenta la opinión de los alumnos, de otros profesores tutores y de especialistas de ese Departamento de Orientación, siempre darán mayor validez a esa evaluación sobre la utilidad del PAT diseñado.
 

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